Hoy es un día largo, hemos cruzado La Mancha hasta salirnos; desde CR a TO y a AB y a Hellín y regreso, ¡sin pasar por TO!; desde los caminos negros, gracias al trabajo de las quitanieves, hemos visto la mancha blanca, -con un manto brillante por el sol que aún la hacía más llana-, las cepas en espaldera cargadas de nieve -nueva aportación de las tecnologías agrarias al paisaje invernal-, y -11ºC en el termómetro del coche a las 20:04, conformando una imagen de otras latitudes.**
De otras latitudes y longitudes, más cálidas, ha venido a Hellín también, Juan Carlos Izpisúa; hombre sencillo y brillante, como lo son los grandes científicos, orgulloso de su origen muy humilde y de su presente como referente mundial de la biomedicina; amable, listo como el hambre, generoso, cercano, aprovechando el tiempo, propiciando colaboraciones. ¡Un lujo!, he expresado ante un paciente público de los campos de Hellín, el poder encontarme esta tarde/noche un par de minutos con él, un par de minutos en los que aprendes por ósmosis.
"Lo importante no se enseña, se muestra" señaló el Dr. Terricabras, Universidad de Gerona, en un encuentro en Santander este verano, supongo que es suya la expresión; lo que es seguro es que Izpisúa es de los que muestran, hoy lo he podido comprobar.
"Las madres, las artífices de todos los días" señaló el Dr.Izpisúa cuando recogió la medalla de Castilla-La Mancha, dedicándosela a su madre en la imagen de todas; alguien lo ha recordado esta tarde y me apetece recogerlo aquí porque ciencia y sensibilidad, ciencia y humildad, ciencia y solidaridad, no son incompatibles, son compañeras de viaje, para un viaje eficaz, para el viaje que interesa, para el viaje necesario.
**había titulado esta entrada "la mancha blanca" pero al terminar he decidido cambiar el título
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