Con internet pero sin agua.
Me lavé pero no pude regar. Estaban ansiosos los árboles sorprendidos de este julio en octubre y así siguieron. ¡Habrá que bajar a la fuente a por unos cubos! y se desbordó la memoria. No eran cubos, eran calderos. Y aquella pieza que curiosamente se llamaba aro y era de forma cuadrada. El aro permitía, haciendo gala de las leyes de la física, disminuir el peso de los calderos y mejorar el equilibrio, evitando derramar la preciada agua. Además ampliaba el número de personas que podían acarrear agua incluyendo a los muchachos; así mujeres y muchachos se encargaban del agua.
La fuente, luego el depósito, estaba concurrida, de personas y de abejas; éstas sufrían el acoso de los muchachos un poco asustados por su presencia. ¡No matéis las abejas que hacen cera para el Señor!
Y la tinaja en la cocina que dicen que alguna vez se heló. Y los pozos, ahora clausurados; ¡cuánto menos habrían sufrido algunas madres si hubieran estado así entonces!
Ya ha venido el agua; cosa de poco, pero cuánta vida encierra.
Fotografía: Miguel Ángel Hervás
Fotografía: Miguel Ángel Hervás
viernes, 14 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
¡Cómo estaba la noche...
...nosotros bebíamos y ellas cantaban!
¡al fin solos! dijo alguien, y hubo risas y planes y un ¡quedamos mañana!
Como siempre o como casi siempre, desde hace muchos años, nunca demasiados. Con las luces y las sombras. Siguiendo la vida, con detalle o simplemente con una impresión general, pero al tanto de todas nuestras, y de cada uno, inquietudes, planes, dudas, miedos y preocupaciones.
Con los amigos, con los cotidianos -sin cerrar a otros-, con ganas de seguir y de disfrutar.
Después nos quedamos solos en el bar. El barista inició la recogida y nosotros también.
¡al fin solos! dijo alguien, y hubo risas y planes y un ¡quedamos mañana!
Como siempre o como casi siempre, desde hace muchos años, nunca demasiados. Con las luces y las sombras. Siguiendo la vida, con detalle o simplemente con una impresión general, pero al tanto de todas nuestras, y de cada uno, inquietudes, planes, dudas, miedos y preocupaciones.
Con los amigos, con los cotidianos -sin cerrar a otros-, con ganas de seguir y de disfrutar.
Después nos quedamos solos en el bar. El barista inició la recogida y nosotros también.
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