Fotografía: Miguel Ángel Hervás

Fotografía: Miguel Ángel Hervás

domingo, 19 de septiembre de 2010

Labordeta

Conocí tus canciones en Parla en los primeros setenta
Habrá un día en que todos al levantar la vista...
Te vimos cantar en Madrid, en Colón, y disfrutamos y nos emocionamos y nos divertimos
El milagro de Lamberto fue ante imperio romano...
Nos hiciste un poco aragoneses a todos
Polvo, niebla, viento y sol, y donde hay agua una huerta...
Supimos de ti
A veces me pregunto que hago yo aquí...
Nos hiciste reír con Severino el sordo
Arromojate la tripa que ya viene la calor...
Y soñar
Fue una tarde sin fin de mediados de agosto.....tus ojos presidían todo el atardecer
Y recordar colegios
Rosa rosae también el valor de pi y un recuerdo final por los muertos de la ultima guerra civil
..y abuelas
Siempre te recuerdo vieja sentada junto al hogar
Ayudaste a salir adelante, como decías en Rosa rosae, para alzar la voz de quien nunca la alzó
Aprendimos en tus canciones hechos de la vida de nuestros padres y abuelos
La albada que estoy cantando...
y también ternura
porque no nos ven hablar dicen que no nos queremos

Pero si tuviera que elegir me quedo con
También será posible que esa hermosa mañana ni tu, ni yo, ni el otro, la lleguemos a ver, pero habrá que forzarla para que pueda ser
En eso seguímos, José Antonio.
Gracias

martes, 14 de septiembre de 2010

Si no maestra, coherente

Acabo de oír a Ramoneda recordar una frase del fallecido cineasta Claude Chabrol mediante la cual expresó que una vez que se dio cuenta de que no haría una obra maestra, decidió hacer una obra coherente. ¡qué humildad y qué inteligencia!

Algunos pocos son maestros, los demás intentamos ser coherentes; no es mal modelo, ni tampoco fácil. Para la brillantez que requiere la obra maestra no hay entrenamiento, para la coherencia no se puede dejar de entrenar.

En el arte de vez en cuando hay obras maestras, en la actividad cotidiana la coherencia casi es tan inusual como la maestría en las artes.

Pero coherencia, siendo importante, sólo es "actitud lógica y consecuente con una posición anterior"; o sea que responde adecuadamente a un plan o diseño. Cuál es el objetivo del plan, ya es otra cosa. Es habitual ver en estos tiempos secuencias de hechos y discursos, totalmente coherentes pero basados en la mentira, hilvanados con la intención de engañar a quienes no hace mucho se consideraban gentes poco cultas, con intencionalidad clara y técnicamente bien estructurados, coherentes.

Por eso creo que a la coherencia hay que añadirle principios, sensibilidad social, solidaridad.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Las vacaciones, a la vuelta de la esquina (1998)

Os decía que Carmelo no está bien y que le recordé unos versos que escribió cuando supo que la diabetes había hecho acto de presencia en nuestras vidas. No creo que se me olvide el hecho, para el texto no tengo memoria; por eso lo dejo escrito aquí -vete tu a saber donde queda escrito! Lo dejo escrito como homenaje, como recuerdo, con emoción, con cariño, y para que sintáis -ahora sí a través de un buen poeta- cómo es Balbacil.

Las vacaciones, a la vuelta de la esquina

Ahora, Ana, en Balbacil
Ese pueblo de la alta paramera
Estará la primavera
Vistiendo de flores el Carril
Será todo verdor la Soledad
Y croarán las ranas en la charca,
Y la tarde, transparente y zarca,
Llenará los campos de júbilo y paz.
Ahí están las lomas y los cerros,
Tardíamente verdecidos,
Y el viento nos trae a los oidos
Un sonar descompasado de cencerros.
¿Recuerdas Ana el pueblo en el verano,
Cuando el sol juega a esconderse en las esquinas,
Entre hierbas silvestres y entre ruinas?
¿Verdad que el pueblo es más alma y más humano?
¿que llega, poco a poco, al corazón
Y se adormece sosegado y quieto?I
No sé que talismán o qué amuleto
Tiene que nos llena de esperanza e ilusión..
Balbacil, Ana, te espera
Tendrás las bicicletas listas
Y, aunque, con polvo, muchas pistas
Para ensayar cada día una carrera.
Te esperamos para estas vacaciones
Que ya casi tocamos con la mano
La Soledad te espera este verano
Y la Plaza. Y la Puentecilla.
No las decepciones.


Carmelo
Zaragoza, 10-VI-1998


Gracias. Un abrazo