"El número que usted ve es del asiento de delante, aunque lo vea desde aquí". Todos los años lo mismo. Mi hermano, que para eso es el mayor, explica a los pasajeros sentados en nuestros asientos que era así, que el asiento de la primera fila no tiene otra delante para poner el número. Era el autobús "de Teruel" que paraba en la paramera entre Alcolea y Molina. LLeno de emigrantes en Madrid y sus descendientes que como nosotros iban a ver a sus abuelos en verano, con sus maletas, pocas, sus bolsas, más, bocadillos para las tres horas que al menos necesitaban aquellos autobuses para los poco más de ciento cincuenta kilómetros. Asientos de skay, estrechos -sin problema para los muchachos-, ¿cinturones? no, ceniceros ¡claro!
¿Estará el abuelo con la mula? ¡No!, decepción para los chicos, alegría para la madre; "tendremos que ir en el coche del Adelmo", no es habitual un taxi para los niños, se corrige la decepción, la madre evita las dos horas andando al lado de la mula con el abuelo porque cuando él viene ¡los chicos van en la mula, claro!
¿Cuándo habéis venido?¿hasta cuándo os quedáis?¿estaréis para San Roque, y para la virgen? Tres días, de interogatorio, después todo el mundo sabe que estás, ¡menos mal!¡por fin libres! la calle, el carril, la charca, los erizos, las ranas, los hierros, las cerillas robadas, las patatas asadas y robadas también, los garbanzos verdes,...
Cuatro, cinco, seis semanas, el Adelmo o la mula, el autobús, el número es del de delante, la ciudad, ¡que limpio está todo!
Te vas animando. Muy bien escrito. Se nota más cuando hablamos de aquél tiempo ido. Piensa que forma parte de nosotros, de nuestro mejor capital.
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