Ayer recordaban las amigas cuando aprendíamos las comarcas -La Lora en Burgos- hace unos pocos años. Algunas comarcas perduran en lo cotidiano, La Mancha y la Alcarria -con sus conexiones y desconexiones-, El Ampurdán -por la nieve-, La Vera -por el azafrán-, La Plana -por la saga- ¡cuántos olvidos también! También repetíamos los ríos y sus afluentes por la derecha y por la izquierda, el Záncara y el Cigüela -con perdón pero así nos lo enseñaban en Madrid-, Los Noguera, Pallaresa y Ribagorzana. ¡Cuántas megas ocupadas en la memoria! ¡Hay quien aún se sabe, ¡en orden! -no hay otra manera-, los hijos de Jacob; yo sólo recuerdo el binomio Dan-Neftalí. De la lista de los reyes godos no recuerdo más que Recaredo, y no conozco a nadie que se la sepa.
Saberes de otro tiempo, ¿saberes?. Hay quien los añora; no sé si los saberes o el momento. Tiempos difíciles, matizados por la mirada inocente/ignorante de un niño, y cuya dificultad ahora podemos calibrar someramente. Tiempos de pantalón corto aun en invierno, cocina de carbón, patucos y bolsa de agua para acostarse, cama compartida espalda con espalda para ajustar el embozo. Estudio 1, el teatro en televisión, pero antes películas vistas a través de los cristales de la puerta del bar en las primeras teles del barrio. "Los vecinos de arriba tienen tele" pero no tenemos mucha relación; no obstante recuerdo una tarde con más chavales del bloque bajo la mesa del comedor viendo ¿Rintintín?
Tiempos de colegio con muchos profesores de recuerdo variado. Don Demetrio enseñaba ciencias naturales, y preguntaba a los alumnos que veía despistados o comiendo el bocadillo antes del recreo; recreos con botellines de leche ¿americana? regalada. El padre José al que le gustaba explicar muy muy cerca cómo se resolvían los problemas de matemáticas. Don José María Lana Díaz, "el poeta", ¡difícil vida de un hombre sensible, poeta, creo que homosexual, culto, enseñando latín, en un barrio del sur de Madrid! que daba unos capones tremendos cuando te confundías en las traducciones. El padre Rafa que arbitraba los partidillos de fútbol de los chicos. ¡Y los ejercicios espirituales! ¿no es una barbaridad que con doce o trece años te sometieran a niveles de agobio, de responsabilidad, de culpabilidad, de miedos, tan intensos? ¿o era captación en río revuelto?
Salimos adelante, ¿conocéis el tema de Labordeta, rosa rosae?, quizá con cicatrices, limitaciones y recursos que ahora los jóvenes no experimentan; o no sabemos si experimentan o experimentan algo parecido. Quizá lo reflejen en cuanto pasen unos años.
¡qué agradable es conversar con los amigos de los buenos recuerdos de los 60!
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