Hay días en los que se aprende mucho, otros en los que no se gana el sueldo y otros que sobran, directamente. Hoy es de los primeros.
Sabía de la inteligencia y la claridad de algunas personas, pero hoy lo he comprobado. Lo he manifestado con una palmada en la espalda.
Sabía de la capacidad de sobreponerse de otras, y lo he visto con mis propios ojos. Y le he dado dos besos.
También sabía que hay pobres hombres que no pueden tener en su entorno más que aduladores y seguidistas, y he conocido sus artimañas. Mañana quizá pueda mostrarle otro modo de hacer.
Yo tengo fe en el mañana y en las gentes de buen hacer, que sois muchos. Los pobres hombres son sólo eso: pobres, muy pobres. Ánimo.
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