…Y menos Estado, la ecuación perfecta, la guía de actuación de quienes nos gobiernan.
Hay quienes están convencidos que no necesitan nada de los demás, que tienen muchos recursos personales -de cómo los obtienen o han obtenido, otro día. Como tienen mucho, los otros que se apañen, o que se aguanten o que se jodan, que si se queman a lo bonzo es que son débiles de mente, que no aguantan nada.
Mucho, en ocasiones es simplemente más, o algo; y así te encuentras con voceros encantados de repetir consignas, eslóganes, o titulares que prepara el aparato propagandístico, bien financiado por los que de verdad tienen, desde lugares que podíamos imaginar escondidos, con poca luz y tenebrosos, pero imaginamos mal, trabajan en espacios conocidos, a la luz del día con grandes ventanales y balconadas; se sienten triunfadores, están exultantes, no les da vergüenza de nada. Pero los voceros, especialmente los de estómago agradecido, son geniales, no sé si ingenuos pero en alguna expresión claramente lo son: “los manifestantes lo hacen por motivos políticos”. ¡Pues claro! Porque el juego está claro. ¡Ahora se da cuenta! Le van a regañar.
Aquellos que generan titulares, frases ingeniosas, váyase y no vuelva, trabajan para eliminar la política, para eliminar el Estado; recuerdan mucho, o son seguidores, de aquella frase atribuida al dictador, “haga lo que yo, no se meta en política”. Y así hablan, y hacen, de eliminar políticos, de reducir el número, de que no cobren y si no pueden ir a las Cortes que hubieran nacido ricos, o que les patrocine alguna empresa de servicios sanitarios, por ejemplo. Esos mismos dirigentes instrumentan medios de comunicación entusiastas de ver pajas en ojos ajenos. Alientan a bienintencionados que denuncian por sistema sin hacer las distinciones necesarias. Me explico, no me gusta el procedimiento que el Congreso tiene para compensar los gastos de alojamiento de los diputados de fuera de Madrid –Grupo Parlamentario Socialista, ¿para cuándo una propuesta de modificación?-, pero no es lo mismo alguien que puede tener un piso, lo use o no, que quien vive, por su cargo, en una vivienda del ministerio y ¡cobra gastos de alojamiento! Esos mismos dirigentes juegan con la inocencia, ahora creo que sí, de muchas personas sencillas que les va mal y lo atribuyen a la herencia. Algo habrá también ¡claro! 22 años de gobierno de España en los últimos 35 dan para mucho, también para lo bueno. Repasen un poco, hagan memoria más allá de los últimos tres o cinco años.
Decía, el juego está claro, porque cuanto menos política más fácil es eliminar personal sanitario, personal docente, asistentes sociales de mayores y de jóvenes, eliminar ayudas para la inserción, disminuir las pensiones, destruir la investigación, desmantelar trenes públicos, vender –a los efectos- hospitales, empeorar la enseñanza pública y financiar la privada, … en fin que allí donde pueda haber negocio que lo exploten sus amigos y si los ciudadanos reciben menos prestaciones recuerden que ellos no necesitan de nadie, ¡lo tienen todo! Bueno casi siempre lo han tenido; recordaba un amigo en un acto electoral que cuando la izquierda gana las elecciones, la izquierda tiene el poder político y que cuando las gana la derecha, ésta tiene el poder político, y el financiero, y el eclesiástico, y el mediático, y…
Y además nos hacen un poco responsables de lo mal que está todo, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que si no nos hubiéramos metido a pedir créditos y a comprar apartamentos, que si no hubiéramos votado a Zapatero,… nos falta lo que hace unos días pedían en Portugal, “no se pongan enfermos que el sistema no aguanta”. El ingenio popular, del pueblo de verdad, no descansa “con el discurso de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades nos hacen vivir por debajo de nuestras necesidades”. La gente lo tiene bastante claro. A ver si los voceros que eran poco y se sienten algo, los que se guían por su confesor antes de guiarse por la realidad que estalla ante nuestras narices, los que se han dejado ganar por la indiferencia, se espabilan y empiezan a verlo claro.
Pero suelo criticar en mi entorno que ya hemos hecho los análisis, más o menos lúcidos, más o menos divertidos, más o menos globales, más o menos flageladores, más o menos correctos, pero que no hacemos propuestas.
De esto sólo salimos con política y con Estado. El Estado es quien puede garantizar la convivencia, quien puede ayudar a quien se descuelga o nace descolgado, quien cuida de los viejos desvalidos, quien promueve la igualdad de oportunidades, quien mira en beneficio de todos, o de la mayoría, quien protege a las minorías,… necesitamos Estado y eso se hace con política; lo sabemos bien los que vivimos los años 70.
Con política y con políticos. Con políticos que crean en el Estado, que se dediquen con intensidad, con exclusividad, a recuperar la confianza de los ciudadanos porque estén cerca y les palpen, a recuperar con iniciativas legislativas, acompañando el movimiento de la calle, los destrozos ocasionados al estado de bienestar, a ejecutar nuevas propuestas que hagan explícito su interés por la sociedad más allá de su interés particular.
Seguramente ayuden en esta línea los ejemplos francés y, aún más profundo, italiano sobre la forma de elegir los candidatos. Tampoco estaría de más que practicáramos eso de “una persona, un puesto, un sueldo”.
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